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Obras

Huevo de Picaflor


A través del un relato primitivo entraremos en el mágico mundo de la selva y de las comunidades que la habitan, donde la tierra y el hombre se confunden. Donde la voz del padre es la voz de la sabiduría de los siglos; donde la tierra es madre, comienzo y final.

Después de su infancia y vida en comunidad, Picaflor debe ir al rescate de la niña Mariposa, raptada por un espíritu maligno que ha dejado estéril la tierra. Para ello debe afrontar un largo viaje por la selva, allí descubre sus secretos y sus frutos, allí conoce la magia del maíz, del águila y del jaguar. Picaflor libera a la niña cautiva, condenada al sacrificio desatando una persecución y una lucha peculiar. En el maíz encuentran la solución al conflicto.

La Tierra y la selva son los elementos esenciales en este montaje. Son el eje estético y por lo tanto todos los componentes de la obra tienen esta textura. La atmósfera refleja los misterios de la selva y la fuerza espiritual de la vida primitiva con su esencia antropológica.

La investigación de los utensilios de la vida cotidiana, del hogar y de la selva, de la cacería, de la recolección y de la pesca será la guía de la propuesta escenográfica. Los claroscuros de la selva y de las chozas será la propuesta lumínica. La textura de los muñecos será la del barro, de lo primitivo, de la tierra, del achote y la hojarasca. Los sonidos de la selva son el eje de la pista sonora de la obra. La fauna mítica, el jaguar, el águila, el mono, la serpiente y la rana son las sombras que acompañan al protagonista.